Qué es la hernia inguinal, sintomatología, causas y factores de riesgo

Dr. Juan Carlos Meneu

Número de Colegiado: 28/45520.
Experto cirujano y actual jefe de servicio del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, en el Hospital Ruber Juan Bravo de Madrid. Ganador de la oposición a la plaza como catedrático en la Universidad Europea de Madrid el 20 de julio de 2022.

La hernia inguinal es uno de los motivos de consulta más frecuentes en cirugía general. Muchas personas empiezan a sospecharla al notar un bulto en la ingle que aparece al estar de pie, al toser, al hacer fuerza o al levantar peso, y que puede disminuir o desaparecer al tumbarse. En otros casos, no hay un bulto evidente al principio, sino una molestia difusa, sensación de peso o tirantez en la zona inguinal.

Aunque suele comenzar de forma progresiva, conviene no ignorarla. Una hernia no es solo una molestia muscular. Se produce porque existe una debilidad o un defecto en la pared abdominal, a través del cual puede protruir parte del contenido del abdomen hacia la región de la ingle.

En este artículo explicamos qué es exactamente una hernia inguinal, cuáles son los síntomas de la hernia inguinal, qué causas pueden favorecer su aparición, qué factores aumentan el riesgo y cuándo conviene consultar con un especialista.

Qué es una hernia inguinal

Una hernia inguinal aparece cuando una zona de la pared abdominal inferior se debilita y permite que parte del contenido abdominal se desplace hacia la ingle. Ese contenido puede ser grasa abdominal o, en algunos casos, una parte del intestino.

La zona donde ocurre se llama canal inguinal. Es una región anatómica por la que pasan estructuras normales del cuerpo. En condiciones habituales, la pared mantiene su función de sostén. El problema aparece cuando esa zona se ensancha, pierde resistencia o queda un punto débil por el que el contenido abdominal puede salir hacia fuera.

Por eso muchas personas describen la hernia como una “bolita”, una “hinchazón” o una hernia en la ingle. A veces se nota más al final del día, después de hacer esfuerzo o tras estar mucho tiempo de pie. Al tumbarse, puede reducirse porque el contenido vuelve hacia el interior del abdomen.

Por qué aparece en la zona de la ingle

La ingle es una zona vulnerable porque tiene orificios naturales y puntos de paso anatómico. En los hombres, por ejemplo, la anatomía del canal inguinal hace que este tipo de hernia sea mucho más frecuente que en mujeres.

Además, con el paso del tiempo, los tejidos pueden perder resistencia. La pared abdominal no siempre mantiene la misma firmeza durante toda la vida. Si a esa debilidad se suman esfuerzos repetidos, tos crónica, estreñimiento o presión mantenida dentro del abdomen, la hernia puede aparecer o hacerse más visible.

No siempre hay una causa única. En muchos pacientes se combinan predisposición anatómica, edad, esfuerzo y debilitamiento progresivo de los tejidos.

Diferencia con otras hernias abdominales

No todas las hernias son iguales. La hernia inguinal aparece en la región de la ingle. La hernia umbilical se localiza en el ombligo. La hernia incisional aparece sobre una cicatriz de una cirugía previa. También existen hernias femorales, que se sitúan en una zona cercana a la ingle, pero con características y riesgos diferentes.

Esta diferencia es importante porque el diagnóstico y el tratamiento dependen de la localización. No es lo mismo una hernia inguinal pequeña y reducible que una hernia incisional amplia o una hernia femoral. Por eso la exploración por parte de un especialista es clave.

En el caso de la hernia inguinal, el cirujano valorará el tamaño, si es unilateral o bilateral, si se reduce con facilidad, si produce dolor y si existen factores que puedan influir en la decisión de tratamiento.

Síntomas de la hernia inguinal

Los síntomas pueden variar mucho. Algunas personas tienen una hernia evidente, con un bulto que aparece y desaparece. Otras apenas sienten molestias. También hay pacientes que consultan por dolor o sensación de presión sin haber identificado claramente la hernia.

El síntoma más típico es el bulto en la ingle, que aumenta con el esfuerzo y puede reducirse al tumbarse. También puede aparecer dolor inguinal, sensación de peso, tirantez, quemazón o molestias al caminar, cargar peso o hacer determinados movimientos.

A veces el dolor no es intenso, pero sí constante. El paciente nota que “algo tira” o que la zona no está igual que antes. En personas que hacen deporte o trabajos físicos, la molestia puede hacerse más evidente al levantar carga, correr, hacer abdominales o realizar esfuerzos repetidos.

Si quieres profundizar específicamente en cómo reconocer los síntomas, puedes consultar Síntomas de la hernia inguinal, cómo reconocerlos y cuándo consultar.

Cómo evoluciona una hernia inguinal

Una hernia inguinal no suele desaparecer por sí sola. Puede mantenerse estable durante un tiempo, pero lo habitual es que tienda a aumentar de tamaño de forma progresiva, sobre todo si persisten los factores que aumentan la presión abdominal.

Al principio, el bulto puede aparecer solo en determinados momentos. Después puede hacerse más frecuente o más visible. También puede aumentar la molestia con esfuerzos que antes no provocaban síntomas.

Esto no significa que todas las hernias sean urgentes desde el primer momento. Pero sí conviene valorarlas, porque esperar sin control puede hacer que el problema avance y que la reparación sea más compleja en algunos casos.

Causas de la hernia inguinal

Las causas de la hernia inguinal suelen estar relacionadas con dos mecanismos, una zona de debilidad en la pared abdominal y un aumento de presión desde dentro del abdomen.

La debilidad puede ser congénita, es decir, estar presente desde el nacimiento aunque no dé síntomas hasta años después. También puede adquirirse con el tiempo, por envejecimiento de los tejidos, pérdida de resistencia muscular o cambios en el tejido conjuntivo.

El aumento de presión abdominal puede venir de esfuerzos físicos repetidos, tos persistente, estreñimiento crónico, dificultad para orinar con esfuerzo, sobrepeso o actividades laborales que exigen levantar peso con frecuencia.

No siempre se puede identificar una causa exacta. En muchos pacientes, la hernia aparece por suma de factores.

Factores de riesgo de la hernia inguinal

Los factores de riesgo de la hernia inguinal ayudan a entender por qué aparece con más frecuencia en unas personas que en otras. Ser hombre es uno de los factores más importantes, por la anatomía del canal inguinal. También influye la edad, ya que los tejidos pierden firmeza con los años.

La tos crónica puede favorecer el problema porque aumenta repetidamente la presión dentro del abdomen. Lo mismo ocurre con el estreñimiento crónico, sobre todo si obliga a hacer esfuerzos al evacuar. El sobrepeso también puede aumentar la presión sobre la pared abdominal.

Otros factores son los antecedentes familiares, haber tenido una hernia previa, realizar trabajos o deportes con levantamiento de peso, y determinadas condiciones que afectan a la calidad del tejido conectivo.

Identificar estos factores no debe generar alarma. Sirve para entender el origen del problema y para corregir, cuando sea posible, aquello que pueda favorecer que la hernia aumente o que reaparezca después de una reparación.

¿El ejercicio puede causar una hernia inguinal?

El ejercicio por sí mismo no debe verse como algo negativo. De hecho, una buena condición física puede ayudar a mantener una mejor salud general. El problema aparece cuando se realizan esfuerzos intensos, repetidos o mal controlados sobre una pared abdominal que ya tiene una debilidad.

Levantar peso sin técnica adecuada, hacer maniobras de fuerza conteniendo la respiración o insistir en ejercicios que aumentan mucho la presión abdominal puede hacer más visible una hernia ya existente o favorecer que progrese.

Si una persona nota un bulto o dolor inguinal durante el ejercicio, lo prudente es detener esa actividad y consultar. No conviene seguir forzando la zona hasta saber qué está ocurriendo.

Cuándo puede ser peligrosa

La hernia inguinal no siempre produce complicaciones, pero hay dos situaciones que preocupan especialmente, el encarcelamiento y la estrangulación.

El encarcelamiento ocurre cuando el contenido de la hernia queda atrapado y no puede volver al abdomen. En ese caso, el bulto puede volverse duro, doloroso y no reducible. La estrangulación es más grave, porque implica compromiso del riego sanguíneo del contenido herniado. Esta situación requiere valoración urgente.

Por eso conviene consultar con prioridad si aparece dolor intenso, un bulto que no se reduce, náuseas, vómitos, fiebre, mal estado general o cambios en la piel de la zona. Estos síntomas no deben esperar a una cita rutinaria.

Cómo se diagnostica una hernia inguinal

El diagnóstico suele comenzar con una exploración clínica. El cirujano valora la zona de la ingle, observa si existe bulto, comprueba si aumenta al toser o hacer fuerza y analiza si se puede reducir.

En muchos casos, la exploración es suficiente para orientar el diagnóstico. Cuando hay dudas, cuando la hernia es pequeña, cuando el paciente tiene dolor sin bulto claro o cuando se quiere planificar mejor el tratamiento, puede solicitarse una ecografía u otra prueba de imagen.

Lo importante es no basar la decisión solo en la sensación del paciente. Hay dolores inguinales que no son hernias, y también hay hernias con síntomas muy discretos. La valoración especializada ayuda a diferenciar cada caso.

Tratamiento de la hernia inguinal

El tratamiento definitivo de la hernia inguinal es quirúrgico. La cirugía busca devolver el contenido herniado a su lugar y reparar el defecto de la pared abdominal para reducir el riesgo de que vuelva a salir.

En algunos casos muy seleccionados, si la hernia es pequeña, apenas da síntomas y el paciente tiene un riesgo quirúrgico elevado, puede plantearse observación y seguimiento. Pero en general, cuando la hernia produce síntomas o limita la actividad, el cirujano suele valorar la reparación.

La decisión depende del tamaño de la hernia, los síntomas, la edad, el estado general del paciente, si es unilateral o bilateral, los antecedentes quirúrgicos y la actividad habitual.

Cirugía de hernia inguinal

La cirugía de hernia inguinal puede realizarse mediante diferentes abordajes. En algunos pacientes se plantea cirugía abierta. En otros, puede valorarse cirugía mínimamente invasiva. La elección depende del caso y de la experiencia del equipo.

La reparación suele incluir el refuerzo de la zona debilitada, con frecuencia mediante una malla quirúrgica. La finalidad es reforzar la pared abdominal y reducir el riesgo de recidiva.

Cuando se habla de hernia inguinal laparoscópica, se hace referencia a una técnica mínimamente invasiva que permite reparar la hernia desde el interior mediante pequeñas incisiones. Puede ser especialmente útil en determinados casos, como hernias bilaterales o recidivadas, aunque la indicación debe valorarse de forma individual.

Para entender mejor cómo la tecnología puede ayudar en algunos procedimientos digestivos y de pared abdominal, puedes consultar Robot Da Vinci en cirugía digestiva. Qué es, cómo funciona y cuándo se utiliza.

Preparación y recuperación

Antes de una cirugía de hernia inguinal, el cirujano revisa el estado general del paciente, sus antecedentes, la medicación que toma y las características de la hernia. También explica qué técnica se plantea, qué alternativas existen y cómo será el postoperatorio.

La recuperación depende del tipo de cirugía, de si la hernia era grande o pequeña, de la actividad del paciente y de su estado previo. Lo habitual es una reincorporación progresiva, con control del dolor y evitando esfuerzos intensos durante el tiempo indicado por el equipo médico.

En pacientes con trabajos físicos o práctica deportiva, es especialmente importante seguir las recomendaciones de vuelta a la actividad. Volver demasiado pronto a esfuerzos intensos puede aumentar molestias o dificultar la recuperación.

Si quieres saber por qué llegar en buenas condiciones a una intervención puede influir en la recuperación, puedes leer Prehabilitación antes de una cirugía. Qué es y por qué puede marcar la diferencia.

Cuándo consultar con un especialista

Conviene consultar si notas un bulto en la ingle, aunque no duela. También si tienes dolor inguinal persistente, sensación de peso, molestias que empeoran con el esfuerzo o una hinchazón que aparece y desaparece según la postura.

La consulta no implica necesariamente operar de inmediato. Sirve para confirmar el diagnóstico, valorar el riesgo, explicar las opciones y decidir el mejor momento para tratarla si está indicado.

Hay situaciones, sin embargo, que requieren atención urgente. Un bulto doloroso que no se reduce, dolor intenso, vómitos, fiebre, mal estado general o cambios de color en la zona deben valorarse sin demora.

Preguntas frecuentes sobre la hernia inguinal

¿Qué es una hernia inguinal?

Una hernia inguinal es la salida de parte del contenido abdominal a través de una zona débil de la pared abdominal en la región de la ingle. Puede verse como un bulto que aumenta con el esfuerzo y disminuye al tumbarse.

¿Cómo puedo sospechar que tengo una hernia inguinal?

Lo más característico es notar un bulto en la ingle que aparece al estar de pie, al hacer esfuerzo o al toser, y que disminuye o desaparece al tumbarse. Puede acompañarse de dolor leve, sensación de peso o tirantez.

¿Una hernia inguinal puede no doler?

Sí. Algunas hernias apenas producen dolor al principio. El paciente puede notar solo una hinchazón o un bulto intermitente. Que no duela no significa que no deba valorarse.

¿Cuáles son las principales causas de la hernia inguinal?

Suele aparecer por la combinación de una zona débil en la pared abdominal y un aumento de presión dentro del abdomen. Pueden influir la edad, la anatomía, el esfuerzo físico repetido, la tos crónica, el estreñimiento o el sobrepeso.

¿Siempre hay que operar una hernia inguinal?

No siempre de forma inmediata, pero la hernia inguinal no suele desaparecer por sí sola. Si produce síntomas, aumenta de tamaño o limita la actividad, el cirujano suele valorar la reparación quirúrgica.

¿Qué síntomas indican urgencia?

Dolor intenso, bulto duro que no se reduce, náuseas, vómitos, fiebre, mal estado general o cambios de color en la zona pueden indicar una complicación y requieren valoración urgente.

¿Se puede hacer vida normal con una hernia inguinal?

Depende de los síntomas y del tamaño. Algunas personas mantienen actividad con ciertas precauciones, pero conviene evitar esfuerzos que empeoren la hernia y consultar para valorar el caso.

En cualquier caso, puedes contactar con nosotros sin compromiso, para disponer de información más detallada, de tu caso particular.