Qué es un mioma uterino y cómo se cura

Dra. Arantxa Moreno

Número de Colegiado: 28/45794
Jefa de Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, Jefa de Unidad de patología mamaria en AGE (Agrupación Ginecológica Española) y Profesora de la Universidad Europea de Madrid.

El mioma uterino es una formación benigna que se desarrolla a partir del tejido muscular del útero. También puede recibir el nombre de fibroma uterino o leiomioma. Es una alteración muy frecuente durante la edad fértil y, en muchos casos, se descubre de manera casual durante una revisión ginecológica o una ecografía realizada por otro motivo.

Tener uno o varios miomas uterinos no significa necesariamente que exista un problema grave ni que sea imprescindible iniciar un tratamiento. Algunas mujeres no presentan síntomas y pueden convivir con ellos durante años sin que afecten a su calidad de vida. En otras, sin embargo, pueden causar sangrado menstrual abundante, presión pélvica, molestias, anemia o dificultades relacionadas con la fertilidad.

La decisión sobre cómo tratar un mioma depende de múltiples factores. Hay que valorar el tamaño, el número, la localización, la intensidad de los síntomas, la edad de la paciente y su deseo de tener hijos. Por eso no existe una única respuesta válida cuando una mujer pregunta cómo se cura un mioma uterino.

Qué es exactamente un mioma uterino

Los miomas son crecimientos formados principalmente por células de músculo liso y tejido fibroso. Se originan en el útero y pueden desarrollarse dentro de su pared, proyectarse hacia la cavidad uterina o crecer hacia la parte externa.

Se consideran formaciones benignas. Esto significa que no son un cáncer y que su comportamiento habitual es muy diferente al de un tumor maligno. Pueden crecer lentamente, mantenerse estables durante mucho tiempo o reducirse, especialmente después de la menopausia.

Una mujer puede tener un único mioma o varios de tamaños diferentes. Algunos son tan pequeños que solo pueden apreciarse mediante una ecografía. Otros pueden alcanzar un volumen suficiente como para modificar la forma del útero, producir presión sobre órganos cercanos o aumentar el perímetro abdominal.

La importancia clínica del mioma no depende únicamente de su tamaño. Un mioma pequeño situado dentro de la cavidad uterina puede provocar más sangrado que otro de mayor tamaño localizado en la superficie externa del útero.

Tipos de miomas según su localización

La localización ayuda a comprender qué síntomas puede producir un mioma y qué tratamientos pueden ser más adecuados.

Los miomas intramurales crecen dentro de la pared muscular del útero. Son muy frecuentes y, cuando aumentan de tamaño, pueden modificar la forma del útero o producir sangrado, presión o dolor.

Los miomas submucosos se desarrollan hacia la cavidad uterina. Aunque no sean muy grandes, pueden asociarse a reglas abundantes, sangrado irregular, anemia y, en determinadas circunstancias, dificultades reproductivas.

Los miomas subserosos crecen hacia la superficie exterior del útero. Suelen relacionarse más con presión o molestias sobre estructuras cercanas que con alteraciones del sangrado.

Algunos miomas están unidos al útero mediante una base estrecha o un pedículo. En ese caso reciben el nombre de miomas pediculados.

Distinguir los diferentes tipos de miomas es importante porque su localización influye en los síntomas, en la valoración de la fertilidad y en la elección del tratamiento.

Por qué aparecen los miomas uterinos

No se conoce una causa única que explique por qué se desarrolla un mioma. Se considera que en su aparición intervienen factores hormonales, genéticos y propios del tejido uterino.

Las hormonas femeninas, especialmente los estrógenos y la progesterona, parecen influir en su crecimiento. Esto ayuda a entender por qué son más frecuentes durante los años reproductivos y por qué muchos tienden a reducirse después de la menopausia, cuando disminuye la actividad hormonal.

También puede existir una predisposición familiar. Tener una madre o una hermana con miomas puede aumentar la probabilidad de desarrollarlos, aunque esto no significa que necesariamente vayan a aparecer.

Su evolución no es igual en todas las mujeres. Algunos se mantienen estables, otros crecen lentamente y otros pueden experimentar cambios de tamaño en determinados momentos. Por eso el seguimiento debe adaptarse a cada caso.

¿Todos los miomas uterinos producen síntomas?

No. Muchas mujeres tienen miomas sin saberlo porque no les causan ninguna molestia. Pueden descubrirse durante una revisión, una ecografía rutinaria o una prueba realizada por otro motivo.

Cuando aparecen síntomas de los miomas uterinos, estos dependen sobre todo del número, el tamaño y la localización. También influye la sensibilidad individual de cada paciente y la relación que tengan con la cavidad uterina o con órganos cercanos.

La ausencia de síntomas puede permitir mantener una actitud de observación. En esos casos, el ginecólogo puede recomendar controles periódicos para comprobar si existen cambios relevantes.

Por tanto, tener un mioma no equivale automáticamente a necesitar una operación ni otro procedimiento. El tratamiento se plantea cuando existen síntomas, alteraciones importantes o circunstancias clínicas que justifican intervenir.

Síntomas de los miomas uterinos

El síntoma más habitual es el sangrado menstrual abundante. Las reglas pueden durar más días, ser más intensas o incluir coágulos. Cuando esta pérdida de sangre se mantiene en el tiempo, puede causar anemia.

La anemia puede manifestarse mediante cansancio, fatiga, debilidad, palidez, falta de aire al hacer esfuerzos o menor capacidad para realizar las actividades habituales.

Otros síntomas posibles son la presión o el dolor en la pelvis, la sensación de peso en la parte baja del abdomen, las molestias lumbares o el dolor durante las relaciones sexuales.

Cuando el mioma presiona la vejiga, algunas mujeres sienten la necesidad de orinar con mayor frecuencia o tienen dificultades para vaciarla por completo. Si ejerce presión sobre el intestino, puede favorecer el estreñimiento o generar sensación de ocupación abdominal.

También puede existir un aumento del volumen del abdomen. En ocasiones, la paciente nota que la ropa le queda más ajustada o que el vientre parece más abultado, aunque no haya aumentado de peso.

Para profundizar en la forma en la que pueden manifestarse, puedes consultar Fibromas o miomas uterinos. Síntomas más comunes y cuándo consultar con tu ginecólogo.

Cuándo consultar por un posible mioma

Conviene solicitar una valoración ginecológica cuando las reglas se vuelven mucho más abundantes, duran más de lo habitual o aparecen sangrados entre menstruaciones.

También es recomendable consultar ante dolor o presión pélvica persistente, aumento progresivo del abdomen, necesidad frecuente de orinar, molestias durante las relaciones sexuales o síntomas compatibles con anemia.

Estos signos no significan necesariamente que exista un mioma, ya que pueden aparecer en otros problemas ginecológicos. La consulta permite determinar su origen y decidir qué pruebas son necesarias.

Un sangrado vaginal muy intenso, especialmente si se acompaña de mareo, debilidad importante o mal estado general, requiere una valoración más rápida.

Si el principal problema es un cambio en el patrón de sangrado, puede ayudarte leer Cuándo preocuparse por un sangrado vaginal.

Cómo se diagnostica un mioma uterino

La valoración comienza con la historia clínica. El ginecólogo pregunta por el patrón menstrual, el dolor, la sensación de presión, los antecedentes, los embarazos previos y el deseo reproductivo de la paciente.

Durante la exploración ginecológica pueden detectarse cambios en el tamaño o la forma del útero. Sin embargo, la prueba más utilizada para confirmar el diagnóstico es la ecografía.

La ecografía permite comprobar si existen miomas, determinar su número, medirlos y conocer su localización aproximada. Puede realizarse por vía abdominal o transvaginal, dependiendo de las circunstancias.

En determinados casos pueden solicitarse otras pruebas. La resonancia magnética ofrece información detallada sobre el número, el tamaño y la posición de los miomas, y puede ser útil para planificar ciertos tratamientos.

Si existe sangrado abundante o irregular, también puede solicitarse una analítica para comprobar si hay anemia y descartar otras alteraciones.

¿Un mioma uterino se puede curar?

La expresión curar un mioma puede interpretarse de diferentes maneras. En algunas mujeres, el objetivo es controlar síntomas como el sangrado o el dolor. En otras, puede ser necesario reducir su tamaño, extraerlo o tratar varios miomas manteniendo el útero.

Los medicamentos pueden aliviar determinados síntomas, pero no siempre eliminan el mioma. Algunos tratamientos hormonales ayudan a controlar el sangrado o pueden reducir temporalmente su tamaño.

Los procedimientos intervencionistas y quirúrgicos actúan directamente sobre el mioma o sobre el útero. La opción más adecuada depende de cada paciente.

La histerectomía, que consiste en extirpar el útero, es el tratamiento definitivo porque impide que vuelvan a aparecer miomas uterinos. Sin embargo, no es la única alternativa ni resulta adecuada para todas las mujeres.

La miomectomía permite extraer uno o varios miomas conservando el útero. Después de este procedimiento pueden desarrollarse nuevos miomas con el tiempo, ya que se mantiene el tejido uterino.

Por eso es más preciso hablar de un tratamiento de los miomas uterinos adaptado a cada paciente que de una única cura válida para todos los casos.

Cuándo puede no ser necesario tratar un mioma

Si el mioma es pequeño, no produce síntomas y no genera alteraciones relevantes, puede ser suficiente realizar controles periódicos.

Esta actitud se conoce como vigilancia o seguimiento expectante. No significa ignorar el problema, sino comprobar su evolución y actuar si aparecen síntomas o cambios significativos.

También puede ser una opción en mujeres próximas a la menopausia, ya que muchos miomas tienden a reducirse cuando descienden los niveles hormonales.

La frecuencia de los controles dependerá de las características del mioma, la edad de la paciente, los síntomas y el criterio del especialista.

Tratamiento médico de los miomas uterinos

Los medicamentos pueden utilizarse para controlar síntomas como el sangrado menstrual abundante o el dolor. La elección depende de la situación hormonal de la mujer, de sus antecedentes y de si desea quedarse embarazada.

Algunos tratamientos hormonales ayudan a regular o reducir el sangrado. Otros pueden disminuir temporalmente el tamaño de los miomas y se emplean en situaciones concretas, por ejemplo antes de una intervención.

También pueden indicarse medicamentos no hormonales para controlar el sangrado o las molestias. Cuando existe anemia, puede ser necesario añadir hierro y revisar periódicamente la analítica.

El tratamiento médico no siempre hace desaparecer el mioma. Su principal objetivo suele ser mejorar los síntomas, evitar el deterioro de la calidad de vida y preparar a la paciente para otra opción terapéutica cuando sea necesario.

Miomectomía para conservar el útero

La miomectomía consiste en extirpar los miomas conservando el útero. Puede plantearse en mujeres que desean mantener su capacidad reproductiva o evitar una histerectomía.

El abordaje depende de la localización y el tamaño. Algunos miomas que crecen hacia la cavidad uterina pueden retirarse mediante histeroscopia, introduciendo el instrumental a través de la vagina y el cuello del útero.

Otros requieren una cirugía laparoscópica o abdominal. La decisión se toma después de estudiar cuántos miomas existen, dónde están situados y qué dimensiones tienen.

Conservar el útero no impide que aparezcan nuevos miomas en el futuro. Esta posibilidad debe tenerse en cuenta al valorar el tratamiento y el seguimiento posterior.

Histeroscopia para miomas dentro de la cavidad uterina

La histeroscopia es una técnica que permite acceder al interior del útero a través de la vagina y el cuello uterino, sin realizar incisiones abdominales.

Puede utilizarse para diagnosticar y tratar determinados miomas submucosos. Estos miomas se proyectan hacia la cavidad y suelen relacionarse especialmente con sangrado menstrual abundante o problemas reproductivos.

No todos los miomas pueden retirarse mediante histeroscopia. La profundidad, el tamaño y la relación con la pared uterina determinan si esta vía es adecuada.

Para conocer mejor las opciones utilizadas cuando existen formaciones dentro del útero, puedes consultar Cómo eliminar pólipos y miomas.

Embolización de los miomas uterinos

La embolización de los miomas uterinos, también conocida como embolización de las arterias uterinas, es un procedimiento mínimamente invasivo que busca reducir el aporte de sangre que reciben los miomas.

Se realiza introduciendo un catéter fino a través de una arteria hasta alcanzar los vasos que irrigan el útero. A continuación, se administran pequeñas partículas que reducen el flujo sanguíneo hacia los miomas. Como consecuencia, estos pueden disminuir progresivamente de tamaño y mejorar los síntomas.

Es una opción que permite conservar el útero y puede tratar varios miomas durante el mismo procedimiento. Su indicación debe estudiarse de forma individual, especialmente cuando la paciente desea un embarazo futuro.

La embolización no sustituye automáticamente a las opciones quirúrgicas. Es una alternativa más dentro del conjunto de tratamientos disponibles y requiere una valoración coordinada entre los profesionales implicados.

Histerectomía como tratamiento definitivo

La histerectomía consiste en la extirpación del útero. Al retirar el órgano en el que se desarrollan los miomas, se considera el tratamiento definitivo.

Puede plantearse cuando los síntomas son importantes, los miomas son numerosos o voluminosos, han fracasado otros tratamientos o la paciente no desea conservar el útero.

La decisión debe tomarse con información suficiente sobre las alternativas, el tipo de cirugía, la recuperación y las consecuencias reproductivas.

No todas las mujeres con miomas necesitan una histerectomía. Actualmente existen distintas estrategias que permiten adaptar el tratamiento a las prioridades de cada paciente.

Miomas uterinos y deseo de embarazo

El deseo gestacional es uno de los aspectos que más influyen en la elección del tratamiento. Muchos miomas no dificultan el embarazo, pero algunos pueden alterar la cavidad uterina o interferir en determinadas circunstancias.

La localización suele ser más relevante que el tamaño aislado. Los miomas submucosos, por ejemplo, pueden tener una mayor relación con problemas de implantación o con pérdidas gestacionales en algunas pacientes.

Antes de decidir un tratamiento, conviene valorar la edad, la reserva ovárica, los antecedentes reproductivos, el tipo de mioma y el tiempo durante el que la mujer lleva intentando quedarse embarazada.

El objetivo es evitar tanto una intervención innecesaria como mantener un mioma que pueda estar afectando de manera significativa a la fertilidad. Por eso, la relación entre miomas y embarazo debe analizarse de forma individual.

Cómo se elige el tratamiento más adecuado

No existe un único tratamiento ideal para todos los miomas. La decisión se basa en una combinación de factores.

El especialista tendrá en cuenta los síntomas, el número, el tamaño y la localización de los miomas. También valorará la edad, el deseo de embarazo, la proximidad de la menopausia, los tratamientos previos y las preferencias de la paciente.

Una mujer con un pequeño mioma asintomático puede necesitar únicamente seguimiento. Otra con sangrado intenso y anemia puede beneficiarse de un tratamiento médico o de un procedimiento que actúe directamente sobre el mioma. En casos más complejos puede ser necesaria una intervención quirúrgica.

El tratamiento debe tener un objetivo claro y proporcionado. No se trata únicamente de hacer desaparecer el mioma, sino de mejorar la salud y la calidad de vida respetando, siempre que sea posible, las prioridades de la paciente.

Preguntas frecuentes sobre los miomas uterinos

¿Qué es un mioma uterino?

Un mioma uterino es una formación benigna compuesta principalmente por tejido muscular y fibroso. Se desarrolla en la pared del útero, hacia su cavidad o en su superficie externa. Puede existir un único mioma o varios de distintos tamaños.

¿Los miomas uterinos son cáncer?

No. Los miomas son formaciones benignas y su comportamiento habitual no es canceroso. Tener un mioma no significa que exista un cáncer de útero. Aun así, cualquier masa o cambio uterino debe ser correctamente diagnosticado por un especialista.

¿Todos los miomas producen síntomas?

No. Muchas mujeres tienen miomas sin presentar molestias y los descubren durante una revisión ginecológica. Los síntomas dependen principalmente de su tamaño, número y localización.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

Los síntomas más habituales son sangrado menstrual abundante, reglas prolongadas, presión o dolor pélvico, anemia, cansancio, aumento del abdomen, necesidad frecuente de orinar, estreñimiento y molestias durante las relaciones sexuales.

¿Un mioma puede desaparecer por sí solo?

Algunos miomas pueden mantenerse estables o reducirse, especialmente después de la menopausia. Sin embargo, no puede predecirse con exactitud su evolución. Por eso se recomienda realizar el seguimiento que indique el ginecólogo.

¿Siempre hay que operar un mioma?

No. Si no produce síntomas ni genera alteraciones importantes, puede ser suficiente vigilarlo mediante revisiones periódicas. La cirugía se valora según los síntomas, el tamaño, la localización y las circunstancias de la paciente.

¿Qué tratamientos existen para los miomas?

Las opciones incluyen vigilancia, medicamentos para controlar los síntomas, histeroscopia, miomectomía, embolización de las arterias uterinas e histerectomía. La elección depende de las características de los miomas y de las prioridades de la mujer.

¿Puedo quedarme embarazada si tengo miomas?

Muchas mujeres con miomas consiguen embarazos normales. Sin embargo, algunos miomas, especialmente los que deforman la cavidad uterina, pueden influir en la fertilidad o en la evolución del embarazo. La valoración debe individualizarse.

¿La embolización elimina los miomas?

La embolización reduce el flujo sanguíneo hacia los miomas para que disminuyan progresivamente de tamaño y mejoren los síntomas. No implica necesariamente que desaparezcan por completo y su idoneidad debe valorarse en cada paciente.

¿Cuándo debería consultar al ginecólogo?

Conviene consultar ante reglas muy abundantes, sangrado entre menstruaciones, presión o dolor pélvico persistente, aumento del abdomen, dificultad para orinar, síntomas de anemia o problemas reproductivos que puedan estar relacionados con los miomas.